La mañana en que casi perdí el álbum de mi abuela con la llegada de la primavera

El desván de la primavera

El viento de marzo ya no cortaba la cara como hace un mes. Ayer abrí la ventana del desván y olí el jazmín que empieza a florecer en el patio. Decidí organizar las cajas que mi abuela dejó cuando se fue, pensando que era el momento perfecto para sacarlas del polvo.

Entre las cajas de ropa y libros, encontré un USB pequeño, de color azul marino, con una etiqueta que decía "Jardín 2018". Lo metí en la laptop y salió un archivo ZIP cifrado. Me quedé quieta un segundo: recordé que mi abuela lo cifró para que solo yo lo viera, pero no recordaba la contraseña.

La contraseña que se me fue con el viento

Me senté en el suelo del desván, con los pies cruzados, y empecé a probar todas las combinaciones que se me ocurrieron: mi cumpleaños, el nombre de su perro "Luna", el número de su casa... Nada funcionaba. El sol se filtraba por las rendijas de la ventana y el sudor me corría por la frente. Esas fotos eran lo único que me quedaba de su jardín, el lugar donde pasábamos todas las tardes de verano comiendo helado.

Mandé un mensaje a mi amiga Carla, que siempre sabe de cosas de tecnología: "¿Sabes alguna forma de abrir un ZIP sin contraseña? Me desespero". En cinco minutos me respondió: "Prueba Catpasswd, no necesitas descargar nada, solo sube el archivo desde el navegador. Yo lo usé el mes pasado para recuperar el informe del trabajo que olvidé la contraseña."

El rescate digital

No tenía nada que perder, así que abrí el navegador y busqué Catpasswd. Subí el archivo ZIP y elegí la opción de recuperación por fuerza bruta. Me sorprendió que no tuviera que instalar ningún programa raro, solo esperar un poco.

Mientras esperaba, miré por la ventana: un pájaro volaba con un tallo de magnolia en el pico. De repente, la pantalla me avisó que el archivo estaba listo. Lo abrí y vi las fotos: mi abuela sonriendo con sus rosas rojas, yo de niña regando las plantas, y las recetas de tartas de fruta que me escribió a mano.

El regreso de los recuerdos

Ahora guardo ese USB en mi bolso todos los días. Cuando Carla me preguntó cómo fue, le dije: "‘No necesitas descargar software’ no es solo una frase, me salvó de perder los recuerdos de mi abuela sin tener que ser una experta en tecnología".

Este primavera, no solo florecieron las flores del patio, sino que volví a tener a mi abuela cerca, gracias a un pequeño rescate digital.