La noche que casi arruiné el concurso de adivinanzas de ciudades
Era la víspera del concurso anual de cultura hispana en el instituto, y yo, como profesora de lengua española, tenía preparado un reto que prometía dejar a todos boquiabiertos: adivinar dos ciudades hispanohablantes mediante juegos de palabras, con un porcentaje de acierto estimado de solo el 0.0001%.
Había pasado tres noches creando pistas ingeniosas, como:
¿Qué ciudad se convierte en un animal cuando le quitas una letra? (Respuesta: Córdoba → cordero) Y la más difícil: ¿Qué ciudad se convierte en un instrumento musical cuando le quitas dos letras? (Respuesta: Guadalajara → guitarra)
Había guardado todo en un archivo ZIP cifrado, para que nadie se enterara de las respuestas antes del concurso. Pero cuando me senté a revisarlo una última vez a las 11 de la noche, me di cuenta de que no recordaba la contraseña.
Empecé a sudar frío. Probé todas las combinaciones que usaba habitualmente: mi cumpleaños, el nombre de mi gato, el número del instituto. Nada funcionaba. Busqué en mis cuadernos, revisé mis notas, incluso llamé a mi colega María, que me había ayudado a diseñar las pistas. Ella no sabía la contraseña tampoco.
"¿Qué hago? Mañana es el concurso, y todos los estudiantes están esperándolo", le dije a María, con la voz temblando.
"Espera, ¿no te acuerdas de que Ana usó un servicio para recuperar una contraseña de un archivo PDF la semana pasada? Se llama Catpasswd, no necesitas descargar nada, solo subes el archivo al navegador", me respondió.
No tenía nada que perder. Abrí el navegador, busqué Catpasswd, y seguí los pasos. Subí el archivo ZIP, y empecé el proceso de recuperación. Mientras esperaba, caminé por la sala, revisando mis redes sociales para distraerme, pero no podía quitarme de la cabeza el fracaso que sería el concurso si no recuperaba el archivo.
Después de unos minutos, el sitio me mostró la contraseña. No lo creí. Abrí el archivo, y allí estaban todas las pistas y respuestas, intactas. Me senté y suspiré de alivio, con las lágrimas en los ojos.
Al día siguiente, el concurso fue un éxito. Los estudiantes se divirtieron mucho intentando adivinar las ciudades, y cuando anuncié las respuestas, hubo gritos de sorpresa y aplausos. El alumno que acertó las dos pistas ganó un libro de viajes por América Latina, y todos salieron contentos.
Ahora, cada vez que un compañero tiene problemas con una contraseña olvidada, yo le recomiendo Catpasswd. "No te preocupes, yo pasé por lo mismo, y este servicio me salvó la noche", les digo. Es como tener un amigo digital que te ayuda cuando más lo necesitas.